Estas palabras de D. Perfecto Reguera Cañón, siguen siendo totalmente válidas treinta años después.

En su memoria y desde la más profunda admiración, reproducimos el artículo publicado el 15 de septiembre de 1993 en el Diario de León.

 

Es un Centro Privado de enseñanza «libre», con claustro de profesores, con estructura y obligaciones de Empresa.

La enseñanza estatal o reconocida está pagada o subvencionada por el Estado e intenta formar e informar a los alumnos impartiendo enseñanzas regladas y sujetas a programa.

La verdadera enseñanza «libre» no está pagada ni subvencionada por el Estado; ni debe estarlo, pues, muchas veces, un dinero fácil o seguro es riesgo de apatía docente. La enseñanza «libre» forma, informa y conforma al buen estudiante, ya que, con la ayuda de ésta, soluciona sus asignaturas pendientes o adquiere el puesto de trabajo. La enseñanza «libre» es autónoma: respeta niveles y contenidos, pero no se sujeta a programas oficiales; se sujeta, exclusivamente, a su creatividad, a su originalidad pedagógica y didáctica. Empieza esta enseñanza donde termina la estatal; está pendiente de las necesidades individuales y sociales; es pionera en la creación de especialistas; recopila conocimientos y experiencias de la vida práctica, los ordena en programas (varias veces absorbidos por las enseñanzas estatales de la Formación Profesional o Técnica) y manda gente preparada y eficaz a la empresa pública y privada.

Muchas veces en los medios de comunicación he leído: «El gran negocio de las Academias».

Sin embargo las Academias de enseñanza directa y personal, como son las leonesas, han dado para vivir y nada más: he conocido a grandes vocacionales de la enseñanza libre: D. Alfredo García Gómez, D. Paciano, D. Antonio González de Lama, Sr. Ramirez…, todos murieron relativamente jóvenes, pero ninguno rico. Es un negocio que entusiasma al vocacional, pero sus fervores le queman. Quizá las grandes Academias-Editoriales de enseñanza mediante envío de textos o por correspondencia puedan ser un buen negocio. Las Academias leonesas, aunque nos quieran meter, somos pobres para entrar en el mismo saco que las de las grandes capitales, Es muy significativo: Los Bancos no hacen inversiones en Academias, Es más, en estos momentos y en las pequeñas capitales, las Academias con base y estructura históricas, las que han solucionado muchas injusticias y problemas individuales y colectivos, viven económicamente una situación caótica: Por múltiples causas: descenso de la natalidad, falta de calidad en la enseñanza y en sitemas de selección, crisis económica, restricción de plazas, paro de miles de universitarios que, con la clase particular o a domicilio, logran un sueldo de subsitencia… estas Academias tienden a desaparecer, originando con ello que el humilde encuentre cada vez más dificultad para solucionar seriamente su problema educativo o para conseguir un puesto de trabajo cualificado.

Si el Estado intentara solucionar todos los problemas que soluciona la Enseñanza libre, tendría que aumentar en muchos miles de millones el presupuesto nacional, pero a pesar del intento, seguirían los problemas individuales y gremiales y además habría cometido el mismo error que si intentara estatalizar hasta la más pequeña iniciativa privada.

Concretándose a León, provincia plañidera, que no ha sabido explotar sus propios recursos y en la cual, por lo tanto, no se crean puestos de trabajo, las Academias hemos estado, permítaseme, «exportando» anualmente miles de leoneses, muy preparados y eficaces para ocupar un puesto de trabajo digno y seguro en otras provincias o autonomías, tanto en las iniciativas públicas como en las privadas. Hoy en León, las Academias no sólo crean puestos de trabajo, sino que son las empresas que más colaboran a que miles de leoneses no estén en paro. De aquí su necesidad y ésta es su labor social, aunque, a veces, se nos haya postergado tanto.

Yo le pregunto: «¿Son dignos todos los jueces?», «¿los médicos todos son dignos?», «¿los catedráticos?», «¿los obreros?»… «¿los curas?».

Entre las Academias, como en todas las profesiones, las hay buenas, muy buenas, medianas y malas. Y, como es enseñanza «libre», libremente infórmese antes de confiarle a un centro su preparación o la de sus hijos.

Don Perfecto Reguera Cañón